Mercurio desvela sus secretos gracias a la misión Messenger

Mercurio es, junto a la Tierra, Venus y Marte, el grupo de planetas rocosos del Sistema Solar (con permiso de Plutón). Es el más pequeño, el más cercano a la estrella, el que muestra la superficie más antigua el que tiene las mayores variaciones de temperaturas diurnas. Y es el menos conocido. Por supuesto, los científicos están muy interesados en ese mundo, pero hasta que se puso en órbita allí en marzo del año pasado, la nave automática Messenger, de la NASA, solo otra misión (la Mariner 10) había hecho una visita y fue en 1974-1975.

Antiguas llanuras volcánicas en el hemisferio Norte de Mercurio, sobre las que se aprecian cráteres de impacto posteriores.

Antiguas llanuras volcánicas en el hemisferio Norte de Mercurio. El código de color de la imagen de la misión Messenger (que cubre una zona de unos 250 kilómetros de ancho) indica las mayores alturas (en blanco) y los terrenos bajos (en púrpura). / NASA/JHUAPL/CIW-DTM/GSFC/MIT/BROWN UNIVERSITY/ JAMES DICKSON AND JIM HEAD

Ahora, tras un año de toma de datos, los científicos de la Messenger presentan sus novedades. Han descubierto que el núcleo de Mercurio es mayor de lo que se había estimado, hasta el punto de que ocupa en el interior un 85% del radio del planeta y es, al menos parcialmente, líquido. La estructura interna de ese cuerpo del Sistema Solar empieza a desvelarse. También ha sorprendido a los investigadores el hecho de que en el hemisferio Norte de Mercurio el rango de elevaciones del terreno es muy inferior al de la Marte y al de la Luna.

“Desde las extraordinariamente dinámicas magnetosfera y exosfera de Mercurio a la composición inesperadamente rica en volátiles de su superficie e interior, nuestro planeta vecino más próximo al Sol resulta ahora ser muy diferente de lo que imaginábamos hasta unos pocos años”, destaca el investigador principal de la misión Messenger, Sean Solomon, en un comunicado de la Institución Carnegie (EE UU).

La Messenger es una nave de algo menos de un metro de alto, 1,28 metros de ancho y 1,85 de largo, con una masa de 1.107 kilos incluyendo el combustible y los instrumentos científicos. Fue lanzada al espacio en agosto de 2004 y, siguiendo una trayectoria complicada que incluyó varios sobrevuelos de impulso gravitacional sobre Venus, la Tierra y el propio Mercurio, se puso en órbita allí hace ahora justo un año, el 24 de marzo de 2011.

El análisis de la información recabada en este año de trabajo se presenta ahora en dos artículos en la revista Science, al tiempo que se han expuesto numerosos trabajos parciales en la Conferencia de Ciencias Lunares y Planetarias, celebrada esta semana en Texas. La NASA ha prolongado la misión Messanger un año más.  

Gracias a los instrumentos de esta nave, los científicos han logrado desarrollar el primer modelo preciso de la gravedad de Mercurio y, al combinar los datos con los datos topográficos y de rotación del planeta, han podido deducir cómo es su estructura interna, el grosor de su corteza, el tamaño de su núcleo y su histórica tectónica y térmica, explican los científicos.

El núcleo de Mercurio, cuyo radio es aproximadamente el 85% del radio del planeta, es diferente del de cualquier otro cuerpo del Sistema Solar. El de la Tierra tiene una capa exterior metálica y líquida sobre núcleo sólido interno. El de Mercurio parece tener una corteza sólida de silicatos, un manto sobre una capa metálica también sólida, otra capa líquida y en interior un núcleo sólido. “Esto tiene implicaciones sobre cómo se genera el campo magnético de Mercurio y su evolución térmica”, dicen los expertos.

Gracias al altímetro láser de la Messenger se ha confeccionado un modelo topográfico del Hemisferio Norte de Mercurio, explican en su artículo en Science Maria T. Zuber (Instituto de Tecnología de Massachusetts) y sus colegas. El rango de las elevaciones en la superficie es considerablemente inferior al de Marte y la Luna, continúan, y el rasgo geográfico más destacado es un extensión de terrenos bajos en las altas latitudes con extensiones volcánicas, que pueden tener una antigüedad de casi 4.000 millones de años. En una latitud media destaca una cuenca de impacto, Caloris, de 1.550 kilómetros de diámetro, en la que una parte del suelo se ha elevado por encima del borde. Estos rasgos significan que Mercurio ha tenido que tener una intensa actividad geofísica durante la mayor parte de su historia.

Fuente:   El País  21/3/2012

En otros medios:  lainformacion.com  21/3/2012

Artículos relacionados:   europapress.es  23/3/2012 “Europa y Japón también enviarán una sonda a Mercurio”

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