La Ruta de la Seda de los números: de Asia a Europa

Por Teresa Guerrero.  Cuando hojeamos un periódico extranjero o un libro escrito en una lengua que desconocemos hay un elemento que sí distinguiremos, aunque no sepamos a qué se refieran: los números. “¿Por qué seguimos utilizando miles de lenguas distintas y varios sistemas de símbolos para representarlas y, en cambio, sólo una manera para escribir los números?”.

El ojo de Shiva

‘El ojo de Shiva, el sueño de Mahoma, Simbad… y los números’ / Antonio J. Durán / Destino / Año 2012 / 511 páginas / 22 €

El matemático Antonio J. Durán (Cabra, Córdoba, 1962) responde a esta cuestión en ‘El ojo de Shiva, el sueño de Mahoma, Simbad… y los números‘, una obra en la que indaga en el origen de los números, “posiblemente la más antigua herramienta desarrollada por la humanidad, al menos en lo que a las matemáticas y a la ciencia se refiere”. Entraron en nuestra vida cuando éramos niños y posiblemente sea la única herramienta científica de uso habitual entre la población. Aunque fueron los griegos quienes acuñaron el término ‘matemáticas’, los números no tienen patria ni inventor al que pueda atribuirse su uso. Han acompañado al hombre desde siempre bajo diferentes sistemas y representaciones. “Podemos afirmar sin exageración que, donde quiera que ha habido humanos, allí han dejado trazas del manejo, más o menos sofisticado, de números”, afirma Antonio J. Durán, catedrático de Análisis Matemático de la Universidad de Sevilla.

Y es que el interés de los humanos por los números tuvo un carácter práctico y eminentemente económico. Por ejemplo, para contar animales, determinar cuándo se produciría el siguiente eclipse o llevar las cuentas de un negocio. Los escribas necesitaban saber las cantidades de semillas que debían reservar para sembrar los campos de la divinidad, o los ladrillos que había que eran necesarios para construir la pared de un templo. El autor repasa la etimología del verbo ‘contar’ (deriva del latín ‘computare’, ‘calcular’) y la evolución de su significado.

La actual forma de representarlos, sin embargo, tuvo su origen en la India, en una época imprecisa situada a mediados del primer milenio. Sin embargo, los registros que nos han llegado son muy escasos y el sistema indio sufrió algunos cambios durante ese viaje por las tierras del Islam.

La obra, que combina aspectos del ensayo científico, el libro de viajes y la crónica histórica, recrea en un entretenido relato la ruta que siguieron los números desde el país asiático a España. La misma por la que fueron transportadas extraordinarias sedas procedentes de China, exóticos perfumes de Arabia y esclavos.

Una particular Ruta de la Seda que ha llevado a Durán a rastrear los pasos de exploradores como Marco Polo, Cristóbal Colón, Fernando de Magallanes, Juan Sebastián Elcano, el capitán James Cook o David Livingstone.

Durán, que comienza su relato, con la visita a la ciudad india de Varanasi (Benarés), la ciudad santa del hinduismo, recuerda que ha habido casi tantas formas de nombrar y escribir los números como culturas. Para tratar con ellos, “a la humanidad no le quedó más remedio que ponerles nombre, y cuando se inventó la escritura, decidir cómo escribirlos”.

La base más frecuentemente usada ha sido la base de diez porque tenemos diez dedos en las manos, aunque también se usó la de base 20 como en el sistema maya (probablemente porque tenemos 20 dedos). Por razones quizás ligadas al ciclo solar y lunar los babilonios se inclinaron por la base de 60 (sexagesimal) que seguimos empleando para medir horas, minutos y segundos.   

El matemático explica que antes de los indios, los babilonios usaron el ‘cero’ como herramienta para representar números. Los mayas en Centroamérica lo harían posteriormente. Más que un número, afirma, el ‘cero’ es una información relevante.

¿Y cuánto duró ese viaje por las tierras del Islam? El matemático afirma que “posiblemente los numerales indios tardaron menos de un siglo en recorrer el imperio islámico de este a oeste, pues hay constancia de que ya habían llegado a Al-Andalus a finales del siglo X, como muy tarde. Por esa época, en los monasterios cristianos del norte de España se producía una transferencia de ciencia y cultura desde el civilizado sur (Al-Andalus), hacia el norte inculto (Europa)”. Desde Europa se extendió al resto del mundo.

Asimismo, el autor sostiene que las matemáticas son también una herramienta para explicar y ayudar a entender la condición humana: “La estructura lógica de nuestro cerebro es, en buena medida, lo que nos hace ser lo que somos. Y los números y el resto de las matemáticas, junto con el lenguaje, son el producto más refinado de esa estructura lógica”.

Durán reivindica la figura del matemático y considera que este nombre no hace justicia a la labor de los profesionales que estudian los números: “Transmite la impresión de que esas personas se dedican exclusivamente a hacer matemáticas, sin que lo que acontece a su alrededor les afecte. Nada más lejos de la realidad, porque muchos matemáticos del pasado fueron también astrónomos, astrólogos, geógrafos, viajeros, poetas”, afirma.

Fuente: elmundo.es  27/5/2012

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