La alfombra de herramientas de Messak Settafet: una obra de cientos de miles de años

Fuente: PlosOne a través de ABC

Un nuevo estudio intensivo de la escarpadura de Messak Settafet, un afloramiento masivo de piedra arenisca en medio del desierto del Sáhara, ha demostrado que las herramientas de piedra se producen de manera ubicua en todo el paisaje, con un promedio de 75 artefactos por metro cuadrado, o 75 millones por kilómetro cuadrado.

Los investigadores, cuyo trabajo se publica este miércoles en la revista «Plos One», dicen que esta gran «alfombra» de herramientas de la Edad de Piedra es el primer ejemplo conocido de todo un paisaje modificado por los homínidos. Messak Settafet tiene una longitud total de 350 kilómetros, con una anchura media de 60 kilómetros y partes del paisaje son «antropogénicas» o hechas por el hombre, mediante la creación de herramientas durante cientos de miles de años.

El equipo de investigación ha utilizado este y otros estudios para tratar de estimar el volumen de las herramientas de piedra durante el último millón de años de evolución humana procedentes solo del continente africano. Dicen que es el equivalente a más de una Gran Pirámide de Guiza por kilómetro cuadrado de todo el continente (2,1 x 1.014 metros cúbicos de roca).

Imágenes del estudio publicado en la revista «Plos One»

«La piedra arenisca Messak, ahora en medio de los vastos mares de arena de Libia, habría sido una roca de alta calidad para que la rompieran los homínidos. El paisaje es, en efecto, una alfombra de herramientas de piedra, probablemente hecha en el Pleistoceno Medio y Superior», afirma el doctor Robert Foley, del Centro Leverhulme de Estudios Evolutivos de la Universidad de Cambridge, quien condujo la investigación junto a su colega Marta Mirazon Lahr.

«El término “Antropoceno” ahora se utiliza para indicar el punto en que los seres humanos comenzaron a tener un efecto significativo sobre el medio ambiente», señala Mirazon Lahr. «El momento crítico puede ser el comienzo de la revolución industrial, hace unos 200 años. Algunos hablan de un ‘Antropoceno temprano’ hace unos 10.000 años, cuando los bosques comenzaron a ser talados para la agricultura», agrega.

«Sin embargo, la fabricación de herramientas de piedra se remonta a hace más de dos millones de años y se ha realizado poca investigación sobre el impacto de esta actividad. Messak Settafet es el ejemplo más antiguo demostrado de las cicatrices de la actividad humana en todo un paisaje. Los efectos de nuestra tecnología en el medio ambiente pueden ser considerablemente mayores de lo que se pensaba», afirma Mirazon Lahr.

Imanes para las poblaciones de homínidos
«Está claro por la escala de la actividad cómo eran de importantes las herramientas de piedra y se ve que los homínidos africanos fueron fuertemente dependientes de la tecnología -subraya Foley-. Paisajes como estos deben haber sido imanes para las poblaciones de homínidos, bien para conseguir piedras o como residencia».

Los investigadores dicen que si, como parece probable, el éxito de las comunidades de la Edad de Piedra dependía en gran medida de la fabricación de herramientas, supondría una enorme ventaja conocer, recordar y, de hecho, controlar el acceso a las zonas con una «superabundancia» de las materias primas, como este área de Settafet Messak.

«Los homínidos pudieron haberse vinculado a estas áreas, incapaces de alejarse demasiado si la supervivencia dependía del acceso a las materias primas para las herramientas, y obligados a hacer otras adaptaciones subordinadas a esa necesidad», argumenta Mirazon Lahr.

Una manera en la que el impacto ambiental de la excavación para herramientas por parte de los homínidos puede haber sido positiva para los seres humanos posteriores es a través de grupos de pequeños pozos de explotación de canteras repartidos por todo el paisaje, de hasta un máximo de dos metros de diámetro y 50 centímetros de profundidad. Estos pozos han conservado la humedad, con aguas superficiales aún hoy visibles después de las lluvias.

Al combinar sus datos con amplios estudios previos llevados a cabo en África, los investigadores trataron de estimar aproximadamente la cantidad de piedra que había sido utilizada como herramientas. Aunque la fabricación de herramientas de piedra se remonta por lo menos 2,5 millones de años, los autores limitaron la estimación a un millón de años. Así, calculan una densidad media de entre 0,5 y 5 millones de artefactos de piedra por kilómetro cuadrado de África, el equivalente a entre 42 y 84.000.000 de las grandes pirámides de Guiza.

El éxito del “Homo sapiens” se debió a sus capacidades simbólicas y espaciales

Vía Terra Antiquae   14/5/2012 que su vez lo captó Vía: Université de Montreal| 8 de mayo de 2012

Si bien la desaparición de los neandertales sigue siendo un misterio, los paleoantropólogos tienen una mayor comprensión de lo que permitió a sus jóvenes primos, el Homo sapiens, conquistar el planeta.

De acuerdo con 
Ariane Burke, profesora del Departamento de Antropología de la Universidad de Montreal, y según un estudio publicado en Quaternary International, la rápida dispersión de los humanos anatómicamente modernos no se debió tanto a una inteligencia superior o a mejores técnicas de caza y recolección, sino más bien a la creación de objetos simbólicos que les permitieron ampliar sus relaciones sociales a través de vastos territorios.


Simbolismo e intercambio social

El
 Homo sapiens llegó a Europa hace unos 45.000 años, procedente de África. En menos de 15.000 años se las arregló para ocupar la totalidad de Europa y Eurasia, una expansión extremadamente rápida. Los neandertales, por el contrario, nacieron de Europa, apareciendo en el continente hace más de 250.000 años, después de que sus antepasados, el
 Homo ergaster, se hubieran establecido 600.000 años antes. Homo sapiensAunque fisiológicamente bien adaptados al clima frío de los períodos glaciales y postglaciales, ¿por qué los neandertales no tuvieron tanto éxito como sus recién aterrizados rivales en la colonización del continente?
 “Los neandertales eran capaces de cazar animales de manada, de realizar caza mayor”, dijo la investigadora.
 “También sabían cómo alimentarse de crustáceos, plantas y frutos secos”.

Por otra parte, ocuparon diversos territorios con variedad de climas, que van desde la Península Ibérica hasta Oriente Medio y las montañas del Altai. Sin embargo, nunca ocuparon las llanuras del norte de Europa, donde habrían sido capaces de sobrevivir bastante bien.

Con base a estos hechos, y teniendo en cuenta que los territorios ocupados por los neandertales eran pequeños y distantes entre sí, Burke especula que la superioridad del
 Homo sapiens se encontraba en su organización social, la cual se desarrolló durante el Paleolítico Medio entre 200.000 y 35.000 años atrás. Este organización social “moderna” se caracterizaba por el mantenimiento de relaciones personales, a pesar de la ausencia de las personas implicadas y de las largas distancias.

La extensión de estas relaciones fue posible gracias a la invención de objetos culturales y simbólicos, los cuales facilitaron el intercambio entre grupos.
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Robert Zatorre: Todo el cerebro está dedicado a la música

Por Marta Palomo – El argentino Robert Zatorre es cofundador del laboratorio de investigación Brain, Music and Sound (BRAMS) en Canadá y uno de los mayores expertos mundiales sobre cómo el cerebro procesa la música y produce emociones. De joven quería ser organista pero se dio cuenta que sería mejor científico. La canción del verano no le llama mucho la atención.

¿Por qué hacemos música?

No tenemos la respuesta. Pero junto con el lenguaje, es una seña de identidad de todo ser humano.

¿Y es exclusiva de los seres humanos?

Totalmente. Hay algunos especialistas que hablan de música para referirse al canto de los pájaros, pero yo creo que no es lo mismo. La canción de las aves tiene como función la defensa del territorio y, que yo sepa, nadie se pone música en su casa con el objetivo de ahuyentar al vecino. Además, desde un punto de vista neurológico, el cerebro de los pájaros y el de los mamíferos no tiene nada que ver. Ni siquiera el cerebro de animales más cercanos a nosotros, como el chimpancé, tiene ninguna función musical.

Robert Zatorre

Robert Zatorre: catedrático de Neurología y Neurocirugía de la Universidad McGill. Imagen: SINC

¿Qué funciones tiene?

Muchas y muy valiosas. Para empezar es universal. No existe ni ha existido cultura humana que no tenga música. Pensemos en bodas, fiestas, entierros… Es impensable que exista un rito social o un momento importante en la vida sin música. Su función principal es la de cohesión social ya que a través de ella el grupo se siente unido en un acto o en un estado de ánimo, como pasa con los himnos nacionales y de fútbol. Otra función no menos importante es la del vínculo emotivo que crea entre la madre y el hijo. La música modula el estado de ánimo de un bebé ya que este responde muy temprano a ritmos y armonías.

¿Así como el lenguaje tiene áreas especializadas en el cerebro, la música también?

No me gusta hablar de zonas especializadas porque creo que todo el cerebro está dedicado a la música. Pero sí hay algunas. Por ejemplo, con técnicas de neuroimagen hemos observado neuronas en la corteza auditiva que responden a la altura tonal. Los pacientes con lesiones en esta región tienen ‘amusia’, se dan cuenta del volumen y la duración de una nota, pero no del tono. No reconocen las canciones y no saben por qué a la gente le gusta tanto la música.

¿Alguna región ‘musical’ más?

En paralelo con la zona de Broca, relacionada con el lenguaje, existe una región frontal que es muy importante para unir los sonidos en el tiempo. Para entender una canción es necesario un circuito que establezca relaciones entre las distintas notas. El cerebro trabaja con la música igual que con el lenguaje. Los sonidos individuales no representan nada, pero sí la relación entre ellos: las notas forman acordes, que forman melodías, que forman temas…    Leer más de esta entrada

¿Dónde está la moral en el cerebro humano?

Al escuchar a Patricia S. Churchland en una de sus conferencias, es fácil olvidar que quién habla es una filósofa, y no una bióloga evolutiva. De hecho, en sus biografías, a esta profesora de la Universidad de San Diego (California), que ha visitado Madrid en un congreso educativo organizado por ACADE, se la define como neurofilósofa, el término que mejor describe su afán por explicar científicamente conceptos tan abstractos como la volundad, las creencias o la moralidad.

El cerebro moral - Patricia Churchland

'El cerebro moral' / Patricia Churchland / Edita Paidós / Mayo 2012 / 320 páginas / 25,90 euros

Esta última es el eje del libro que el 5 de mayo saldrá en España, ‘Cerebro y moral’ (Edit. Paidós), donde disecciona la historia humana y las neuronas para encontrar el origen de las normas éticas que hoy rigen nuestras sociedades.

Pregunta.� Después de investigar el asunto ¿Dónde ha encontrado el origen de la moral humana?

Respuesta.� Está en unos impulsos sociales básicos que tienen todos los mamíferos. Tiene que ver con los cuidados de la madre cuando son pequeños y están en muchos animales, y también los humanos. Este es uno de los factores positivos de la sociabilidad. Otro sería que cuando nos enfrentamos a un problema del que no conocemos la solución, hacemos lo posible por encontrarla. Esta capacidad de aprendizaje y la sociabilidad, están detrás de la moral en los mamíferos.

P. � ¿En qué momento de la evolución esa necesidad de cuidado se convirtió en normas?

R.� No lo sabemos. Pero no cambiamos el comportamiento social en decenas de miles de años. Las prácticas sociales fueron las mismas durante mucho tiempo. Cuando los grupos humanos se hicieron grandes, con la agricultura, se produjo el cambio hacia una elaboración de las normas.

P.� ¿La neurobiología acabará con la filosofía?

R.� Hay muchas cosas que tienen que aprender los filosofos. Si quieren entender la naturaleza del conocimiento, de la capacidad de elección, deben saber de neurobiología. No todos, porque algunos se dedican a la muerte, o a la justicia criminal, pero sí los que quieren saber sobre la mente humana.

P. � Usted ha escrito sobre la voluntad de elección ¿existe realmente?

R.� Hay un mecanismo de control en el cerebro muy interesante. Todos los mamíferos tienen esa capacidad de elegir ante los impulsos. Algunas veces falla y son lo que se llaman las actitudes compulsivas, las obsesiones, pero son excepciones.

P.� ¿Aprendemos lo suficiente a manejar ese control?

R.� Hoy contamos con muchos estímulos, muchas estructuras educativas, comerciales, políticas… Son ámbitos en los que aprender y equivocarnos. Los mamíferos nacemos inmaduros porque es algo que nos permite adaptarnos, aprender a vivir en cualquier entorno. Y en ese aprendizaje el sistema de recompensa es fundamental. Así se llega al control.

P.� ¿Cree que somos lo suficientemente tolerantes con los errores ajenos y propios?

R.� No lo somos. A muchos niños los padres y los profesores les reprochan los errores, pero ellos necesitan explorar. Los errores son una oportunidad. El sistema cerebral necesita errores para aprender. Nadie quiere que un niño juegue con una pistola, pero sí deben equivocarse. Cada fracaso y cada éxito envían mensajes al sistema de recompensa del cerebro. Ese sistema genera dopamina, el neurotransmisor del bienestar. Y gracias a él, decidimos y aprendemos. El lado oscuro son las adicciones a sustancias que también generan dopamina y bloquean el sistema de recompensa, impidiéndo que se aprenda de los errores.

P.� ¿Y en el caso de los adultos?

R.� La actitud positiva frente a los errores hay que mantenerla toda la vida, porque el cerebro es flexible. No es un desarrollo tan acelerado como en los primeros seis años, pero existe. El cerebro es lo suficientemente plástico para buscar salida.

Fuente: ElMundo.es 22/4/2012

Un nuevo estudio explica la existencia de zurdos y diestros

Visto en Gizmodo.com – Los zurdos no son muy comunes. De hecho, sólo representan aproximadamente el 10 por ciento de la población humana desde hace alrededor de 5.000 años. Un nuevo estudio sugiere que la razón por la cual los zurdos son minoría no está en el beneficio del individuo sino en el del grupo,  pues su número se reduce debido al hecho de que la raza humana coopera más que compite.

Hombre de Vitrubio

Hombre de Vitrubio. De Leonardo da Vinci.

Un par de investigadores de la Universidad Northwestern tiene por primera vez analizados datos reales para determinar si una ya existente hipótesis de que la cooperación se reproduce en el uso de la misma mano es la correcta. Daniel M. Abrams, uno de los investigadores, comentó recientemente en SciGuru:

Cuanto más social es un animal, donde la cooperación es altamente valorada, más tiende la población en general hacia el uso de un lado del cuerpo. El factor más importante para una sociedad eficiente es un alto grado de cooperación. En los seres humanos, esto se ha traducido en una mayoría de diestros.

De hecho, en una sociedad totalmente cooperativa, la hipótesis sugiere que todo el mundo tendría la misma mano dominante. ¿La razón? Eso debería, en teoría, ayudarnos a compartir cosas como herramientas.

Por otra parte, el análisis de Abrams confirma la especulación. El restante 10 por ciento de zurdos representa el hecho de que la raza humana no es totalmente cooperativa. Es más, con un nuevo modelo creado por los investigadores, incluso se puede predecir el porcentaje de zurdos en cualquier grupo de seres humanos, aves, o incluso jugadores de béisbol, y se pueden obtener datos sobre los grados de cooperación y competencia dentro de la estructura social. Los resultados se han publicado en Journal of the Royal Society Interface y la investigación se ha financiado con fondos de la James S. McDonnell Foundation.

Curiosamente, el estudio también confirma por qué hay un número desproporcionado de zurdos en algunos deportes. Mientras que la cooperación favorece el uso de una misma mano, la competencia favorece lo imprevisible. En deportes como el béisbol, el boxeo o la esgrima, los jugadores tienen una ventaja si son inusuales. En la lucha cuerpo a cuerpo un zurdo siempre partiría de una mayor ventaja.    Leer más de esta entrada

Niños y chimpancés imitan el comportamiento de la mayoría

Por Teresa Guerrero – La tendencia a imitar lo que hacen los demás no es exclusiva de los adultos humanos. Desde bien pequeños, los niños también optan por seguir a la mayoría, según ha comprobado una investigación publicada en ‘Current Biology’.

Estudio 1

Representación de las diferentes opciones en uno de los ejercicios. | C.B.

Además, los investigadores del Instituto Max Planck que firman este estudio han detectado que los chimpancés se comportan de una forma parecida. Los orangutanes, sin embargo, otros primates muy cercanos al hombre, son más independientes y menos influenciables a la hora de dejarse guiar por las decisiones de los demás.

Tras realizar tres experimentos, los científicos comprobaron que los niños de dos años de edad son más propensos a imitar una acción que han visto realizar a tres pequeños de su entorno, que si esa acción ha sido realizada por un solo niño y repetida varias veces. Lo mismo ocurre con los chimpancés.

Los autores del estudio, liderados por Daniel Haun, creen que el hallazgo muestra que humanos y chimpancés comparten estrategias para el aprendizaje social. “Creo que poca gente esperaba que los niños de dos años estén ya influenciados por la mayoría“, señala Haun, que aconseja a padres y profesores que presten atención a las dinámicas de estas interacciones entre niños.

A pesar de que la idea de que a tan temprana edad ya se muestren tan influenciables no parece algo positivo, los autores de este artículo destacan que imitar lo que hace la mayoría tiene sus ventajas desde un punto de vista evolutivo. Afirma Haun que la tendencia a adquirir los comportamientos de la mayoría ha sido clave para transmitir estrategias de comportamiento relativamente seguras y productivas.

La transmisión cultural, subrayan los autores, es un componente clave de la evolución humana. Los científicos creen que los chimpancés (‘Pan troglodytes’) y los orangutanes (‘Pongo pygmaeus’), dos de las especies más próximas al hombre (‘Homo sapiens’), también comparten sus costumbres generación tras generación,, aunque se desconocía hasta qué punto esta transmisión se parece a la de los humanos. La tendencia a comportarse de la misma forma que lo hace la mayoría no había sido demostrada en primates hasta ahora.    Leer más de esta entrada

Los ancestros humanos controlaban el fuego hace un millón de años

En una cueva de Sudáfrica se han encontrado unos restos de huesos quemados y cenizas de plantas calcinadas, seguramente hierbas y hojas. No se trata de restos de incendios naturales, sino que todo apunta a fogatas, a un control del fuego por parte de antepasados de la humanidad que vivieron en África hace un millón de años.

La cueva de Wonderwerk, en Sudáfrica. / M.CHAZAN

La cueva de Wonderwerk, en Sudáfrica. / M.CHAZAN

Los investigadores que han analizado estas pistas en los sedimentos de la cueva de Wonderwerk afirman que son la prueba sólida más antigua de dieta cocinada por parte de nuestros ancestros. Hasta ahora había certeza de la utilización de fuego hace algo menos de 400.000 años (claramente en el caso de los primitivos neandertales), pero los vestigios más antiguos eran inciertos, recalcan en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias de EE UU (http://www.pnas.org).

La habilidad para controlar el fuego fue un giro crucial en la evolución humana, pero no hay consenso acerca de cuándo los homínidos desarrollaron por primera vez dicha habilidad”, escriben Francesco Berna (Universidad de Boston) y sus colegas en el artículo en que describen su hallazgo y sus pesquisas. Recientes estudios de la masa corporal, detalles morfológicos, el tamaño de los dientes y otros rasgos de este tipo en antiguos homínidos apuntaban hacia una dieta de alimentos cocinados tal vez hace 1,9 millones de años, asociada al Homo erectus, señalan los investigadores. Pero los restos arqueológicos que sustenten esta hipótesis han sido, hasta ahora, escasos y no concluyentes.

La cueva de Wonderwerk es un corredor de unos 140 metros de largo y los restos de huesos y cenizas de plantas, bien conservados, analizados estaban a unos 30 metros de la entrada actual a la caverna. Y corresponden, como ellos dicen, a varias ocasiones de combustión en ese lugar, rechazando que puedan ser residuos arrastrados por las condiciones del entorno o de incendios naturales, por ejemplo de excrementos de animales. Para Berna y sus colegas hay un aclara asociación entre la ocupación de ese lugar por parte de los homínidos y la presencia de los restos de fogatas dentro de la cueva.

El combustible serían hierbas, arbustos y hojas; los investigadores no han encontrado fragmentos de tamaño significativo de carbón vegetal. Berna y sus colegas han identificado un total de 675 restos de fauna en el estrato más notable del yacimiento, incluyendo 80 piezas dentales o fragmentos. Los análisis han mostrado que muchos huesos tienen la superficie oscurecida, con indicios de calcinación y la decoloración típica asociada a la exposición al fuego. Pero en ninguna muestra analizada hay calcinación completa, lo que indica que fueron expuestos a temperaturas no superiores a esos 700 grados.

Fuente: El País  3/4/2012

En otros medios:   elmundo.es  3/4/2012  –  lainformacion.com  10/4/2012

Un pie fósil de hace 3,4 millones de años sorprende a los paleontólogos

Alicia Rivera – Un pie de homínido de hace 3,4 millones de años y encontrado ahora en Etiopía muestra que los paleontólogos tienen todavía mucho que descubrir y explicar acerca de la evolución temprana de los homínidos. Y en este caso se trata de una característica considerada determinante de la condición humana al separarse del linaje de los chimpancés: el bipedalismo, la capacidad de caminar sobre las dos extremidades inferiores.

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Los fósiles del pie de un homínido de hace 3,4 millones de años hallados en Etiopía en su disposición anatómica. / THE CLEVELAND MUSEUM OF NATURAL HISTORY / YOHANNES HAISE-SELASSIE

El aumento del cerebro vendría mucho después. Los huesos del pie fosilizado que se ha descubierto ahora, aunque se ha conservado solo parcialmente, indican que el animal, fuera el que fuera, tendría una cierta capacidad bípeda, pero conservando aún la habilidad de trepar y desplazarse cómodamente por las ramas de los árboles. Por su antigüedad es de una especie contemporánea de los Australopithecus afarensis, cuyo ejemplar más conocido es el esqueleto de hembra Lucy, hallado en 1974, también en Etiopía. Pero los pies de la especie de Lucy eran ya comparables a los nuestros.

La conclusión es que, hace entre cuatro y tres millones de años, existían más de una especie de homínido con diferentes formas de locomoción. Pudieron tener rasgos de ese bipedalismo otras especies al margen del linaje humano. Además, esa diversidad de locomoción duró mucho más de lo que se creía.

El esqueleto parcial de pie que ahora presentan el paleontólogo Yohannes Haile-Selassie (Museo de historia Natural de Cleveland, EE UU) y sus colegas de Estados Unidos y de Etiopía en la revista Nature, se ha descubierto en el yacimiento de Woranso-Mille en la zona central de la región etíope de Afar. Estos científicos han encontrado ocho huesos de la parte delantera de un pie derecho, suficiente para que se aprecie su parecido al pie de un gorila, aunque tenga ya rasgos de bipedalismo. El dedo gordo es corto, divergente y aparentemente capaz de cumplir una función de agarre en combinación con el segundo dedo. Además, los huesos de ese dedo gordo son largos y ligeramente curvos. Pero también se aprecian rasgos asociados al bipedalismo en los extremos de los huesos y en las articulaciones, además de un cierto arqueo de la planta. El animal podría caminar por el suelo sobre dos patas, aunque desde luego no con la soltura de Lucy y los de su especie.

También en Etiopía se descubrieron, hace unos años, los restos de otro homínido más primitivo, de hace unos 4,4 millones de años, el Ardipithecus ramidus, que tendría ya ciertas capacidades de desplazarse sobre dos patas, y lo haría ocasionalmente, pero manteniendo su gran habilidad de trepar y desplazarse por los árboles en el entorno entonces boscoso y ahora desértico. Pues bien, el pie hallado ahora en Woranso-Mille se parece al de esos ardipitecos de un millón de años antes, lo que indica “la persistencia de una especie con un adaptación locomotora como la de Ar. Ramidus”, señalan Haile-Selassie y sus colaboradores en su artículo. Ellos no definen a qué especie pertenecería su nuevo pie.

“Parece que había más diversidad locomotora entre los homínidos de lo que se pensaba”, señala el especialista Daniel E.Lieberman (Universidad de Harvard) en su artículo acerca del hallazgo. “La capacidad de trepar a los árboles se mantuvo como una parte importante del repertorio de locomoción de los homínidos durante varios millones de años”, añade.

Fuente: El País Ciencia 29/3/2012

En otros medios: La Vanguardia 28/3/2012  – El Mundo  29/3/2012

Artículos relacionados:  El Mundo 26/3/2012  “Los humanos, bípedos para llevar su comida a cuestas”

El primate que quería volar

Rosa M. Tristán. – Cuando ya se han escrito tantas obras sobre evolución humana parece que no es fácil encontrar el enfoque que consiga captar la atención tanto de aquellos que ya saben algo de nuestras raíces como quienes aún no se han acercado a este intrincado pasado, pero el paleontólogo Ignacio Martínez, miembro del equipo de investigación de Atapuerca, lo ha conseguido en su último libro, “El primate que quería volar” (Espasa).

Biólogo de carrera, el autor reconoce que queria contar “la historia según Martínez” y dar una vuelta a toda la información sobre el origen de la especie que ha ido apareciendo en los últimos años y han cambiado el escenario.

E primate que quería volar

'El primate que quería volar' / Ignacio Martínez / Edita ESPASA / Año 2012 / 250 páginas / 19,90 euros

En esa vuelta a la memoria, el primer gran capítulo lo dedica a los “Hombros de gigantes”, es decir, a aquellos personajes anteriores al siglo XX que sentaron las bases de la biología y la evolución, como Huxley o Darwin.

A continuación, comienza el largo recorrido por los hallazgos de ancestros humanos que se fueron sucediendo desde finales del siglo XIX, que fueron dando forma a ese enmarañado arbusto evolutivo que configura el linaje humano. “En esta parte, cada capítulo se lo dedico a personajes que han sido muy relevantes, como es el caso de Mary Leakey o Raimond Dart“, explica Martínez.

Lentamente, en este largo caminar desde los primeros ‘Homo australopithecus‘ hasta los ‘sapiens’, los lectores van acercándose no sólo a sus ancestros sino también a quienes no dudaron en abandonar sus cómodas vidas en las universidades para irse a picar y sacar escombros en yacimientos, muchos de ellos en África, donde las condiciones eran, y aún son, muy duras.

Otra importante parte del volumen se dedica, como no podía se menos, a la Sierra de Atapuerca. En esta parte, el autor se centra en cuatro argumentos centrales que son el eje de su trabajo.

Por un lado, va desgranando cómo el registro fósil y de utensilios revela que ha sido el comportamiento colectivo, la sociabilidad, una de las claves de la evolución de la especie. “Y es algo que tiene que ver con los dientes”, asegura. “Los primates machos compiten por las hembras y para ello necesitan grandes caninos con los que atemorizar y atacar a los adversarios. En nuestros ancestros, esos dientes comenzaron a disminuir de tamaño y eso significa que eran más sociables, más cooperativos”. Más adelante, la creatividad y la capacidad de fabricar cosas se muestra como otras de las claves, desde las primeras herramientas hasta el arte.    Leer más de esta entrada

¿Una nueva especie humana hallada en China?

La investigación aparece publicada en PLoS One y es, cuando menos, desconcertante. Se trata del descubrimiento en cuevas del suroeste de China de unos restos humanos pertenecientes al menos a cuatro individuos con una rara mezcla de características anatómicas arcaicas y modernas. Los científicos australianos y chinos que han estudiado los fósiles creen que puede tratarse de una especie humana previamente desconocida, una especie que compartió espacio con los humanos modernos hace de 14.500 a 11.500 años, un tiempo en el que comenzaban a establecerse en esa zona de Asia las primeras culturas agrícolas. Les llaman los «hombres del ciervo rojo» porque se alimentaban de este animal extinto. Por supuesto, esto es tan solo una atrevida hipótesis de estudio, ya que también podrían ser, algo menos emocionante pero más probable, simplemente seres humanos modernos con rasgos distintos, como ocurre actualmente entre las diferentes etnias mundiales.Reproducción artística del aspecto del «hombre del ciervo rojo»

El equipo dice haber sido cauto en la clasificación de los fósiles (dientes, cráneos y mandíbulas), debido a su inusual mezcla de características. «Estos nuevos fósiles podrían ser de una especie previamente desconocida, una que sobrevivió hasta el final de la Edad de Hielo hace unos 11.000 años», dice el profesor Darren Curnoe, de la Universidad de Nueva Gales del Sur. «Alternativamente, también podría representar una migración muy temprana y desconocida hasta ahora de los humanos modernos fuera de África, una población que pudo no haber contribuido genéticamente a la gente que vive actualmente».

Los restos de al menos tres individuos fueron hallados por los arqueólogos chinos en Maludong (o Cueva del Ciervo Rojo), cerca de la ciudad de Mengzi, en la provincia de Yunnan en 1989. Se quedaron sin estudiar hasta que la investigación se inició en 2008, con la participación de científicos de seis instituciones australianas y cinco chinas. Un geólogo chino encontró un cuarto esqueleto parcial en 1979 en una cueva cerca del pueblo de Longlin, en la vecina región de Guangxi Zhuang. Los restos se quedaron atrapados en un bloque de roca hasta 2009, cuando el equipo internacional removió y reconstruyó los fósiles.   Leer más de esta entrada

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